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El antiarbol

Los árboles crecen hacia arriba y hacia abajo con normas muy precisas: las ramas se dirigen hacia el cielo y son generosas en alabanzas, himnos y cánticos hacia el Sol --son arrogantes, como el Sol mismo, y renuncian a su naturaleza terrenal para cubrirse de hojas y fingirse ultraterrenas--. Las raíces por su parte se encajonan en las estrecheces del suelo, húmedas y tenebrosas; allí abajo permanecen latentes y serviles. Se dice que las hojas de los árboles susurran, y sus sonidos son hermosos y reconfortantes, llenos de matices y de historias del Mundo observado desde arriba. Las raíces también hablan entre sí, pero siempre mediante crujidos horrísonos e insoportables. En las profundidades de un bosque hubo un árbol insignificante, era un fresno que nunca había llegado a crecer del todo y que se estremecía frente a soplos mínimos de aire. Cuando el resto de árboles crecieron sobre él, se le negó la luz y se secó. En un proceso espasmódico, las raíces, ya muertas, se revelaron cont...

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